''La papaya es una fruta que une historias individuales, colectivas y territoriales"

09/07/2026
En Colombia, el conflicto armado ha afectado gravemente el paisaje rural. Hoy, muchas comunidades buscan reconstruirse a través de la agricultura. En los Montes de María, un territorio en el norte del país, una asociación de productores ha decidido apostar por un cultivo: la papaya. Yoleida Isabel Salcedo Martínez, representante legal de ASOAGROPAT, nos cuenta cómo este cultivo ha transformado para bien su región de origen.
Yoleida Isabel Salcedo Martínez y un miembro de su asociación ASOAGROPAT en un taller organizado por la iniciativa SASi © ICRA
Yoleida Isabel Salcedo Martínez y un miembro de su asociación ASOAGROPAT en un taller organizado por la iniciativa SASi © ICRA

Yoleida Isabel Salcedo Martínez y un miembro de su asociación ASOAGROPAT en un taller organizado por la iniciativa SASi © ICRA

Lo esencial

  • Yoleida Isabel Salcedo Martínez es una productora rural en Colombia y representante legal de una asociación agroempresarial dedicada a la producción de papaya.
  • La papaya es más que una fuente de ingresos: es un mecanismo para el renacimiento de un territorio muy golpeado por el conflicto. Gracias a este cultivo, la población de los Montes de María cura sus heridas y reconstruye la confianza mutua y los vínculos sociales, con la esperanza de construir un futuro para sus jóvenes.
  • La iniciativa SASi (Sustainable Agri-Food Systems Intelligence) liderada por la FAO y Agrinatura y en la que el CIRAD participa activamente, respalda este proceso en esta pequeña región de Colombia, trabajando por construir un sistema alimentario sostenible.

Yoleida Isabel Salcedo Martínez representa a la asociación agroempresarial y comunitaria ASOAGROPAT (Asociación Agroempresarial Nueva Pativaca) en Nueva Pativaca, un pequeño corregimiento rural aislado en el territorio de los Montes de María, en el norte de Colombia. Nueva Pativaca tiene 300 habitantes que viven sin electricidad. Es el corregimiento más alejado del municipio al que pertenece, Carmen de Bolívar, y sus vías de acceso se encuentran en muy mal estado.

© M.-H. Dabat, CIRAD

© M.-H. Dabat, CIRAD

La asociación ASOAGROPAT agrupa a 45 familias que cultivan en total cerca de veinte hectáreas. Sus miembros son en su mayoría mujeres. Antes, estas familias cultivaban tradicionalmente tabaco negro, pero hoy producen frutas, en particular papaya.

Mediante la puesta en marcha de proyectos agroindustriales, ASOAGROPAT trabaja para desarrollar productos de alto valor agregado que incrementen los ingresos de sus miembros. La organización fomenta la producción orgánica y puede ofrecer productos ricos en proteínas, vitaminas y minerales. Su lema es la solidaridad: todos los miembros de ASOAGROPAT están, estrictamente, en pie de igualdad.

Para Yoleida resulta difícil separar su propia historia de la de su asociación y su territorio, ya que la papaya parece ser el cemento que las une. Ella ve en esta fruta un vínculo entre su vida y el recorrido colectivo de este territorio olvidado de Colombia, que ha vivido los días más oscuros del conflicto y se recupera poco a poco.

ASOAGROPAT es socia del proyecto SASi, en el que el CIRAD participa activamente. ¿Cuál es, en su opinión, el objetivo de esta iniciativa?

Yoleida Isabel Salcedo Martínez: En este momento nos acompañan varias asociaciones y proyectos, como el Proyecto Agroecología y Ciencia Comunitaria, con AEXCID, Ayuda en Acción y Patrimonio Natural. Sin embargo, la iniciativa SASi, con el CIRAD, Agrosavia, ICRA y la FAO, es uno de los pilares de nuestra apuesta por transformar positivamente nuestro sistema alimentario. Dicho de forma más precisa, nos está ayudando a conocernos mejor a nosotros mismos, en el territorio de los Montes de María. Gracias a SASi, también podemos encontrarnos con otros líderes de la innovación, como nosotros, en otras partes del país, e intercambiar experiencias. A veces incluso unimos esfuerzos para comercializar nuestros productos.

La investigación nos ayuda a preservar nuestras semillas criollas nativas. Estamos trabajando en la certificación, en identificar los mercados más rentables y en conservar nuestro bosque seco tropical, que es muy frágil, pero del cual nos sentimos muy orgullosos.

La iniciativa SASi nos ayuda a expresarnos durante los talleres y a fijarnos una meta hacia la cual trabajar. Estamos trabajando en reconstruir el tejido social y conservar nuestras reservas y nuestro bosque, que es realmente singular; esas son nuestras prioridades.

Trabajo en grupo en el marco de la iniciativa SASi, con el CIRAD e ICRA © ICRA

Trabajo en grupo en el marco de la iniciativa SASi, con el CIRAD e ICRA © ICRA

La mayoría de las familias de su asociación, ASOAGROPAT, cultivan hoy papaya. Usted dice que esta fruta cuenta la historia de su territorio, además de la suya propia. ¿De qué manera?

Y.I.S.M.: Siempre quise ser abogada o trabajadora social, pero no tuve la oportunidad de ir a la universidad. Sin embargo, hoy mi vida tiene sentido gracias a la agricultura. El hecho de ser líder comunitaria y representar a una organización me ha abierto muchas puertas.

Vivo con mi familia en el territorio de los Montes de María, que tuve que dejar cuando la violencia se agravó. Es una de las zonas de Colombia más golpeadas por el conflicto. Regresé a casa después de los acuerdos de paz, hace unos diez años. Tuvimos que empezar de nuevo; la gente había perdido la confianza entre sí.

Con algunos otros, nos arremangamos y nos pusimos manos a la obra. Al principio, solo sabíamos cultivar tabaco negro, que era nuestro cultivo preferido y nuestra economía antes de la guerra. Así que sembramos tabaco, pero ya no podíamos venderlo. El tabaco se pudría porque las grandes empresas que solían comprarlo, como las de Oveja o Carmen de Bolívar, se habían ido a causa del conflicto.

Así que tuvimos que reinventarnos. Y fue entonces cuando la papaya nos salvó. Nuestras vidas cambiaron: todavía recuerdo la emoción que sentimos al recibir nuestro primer cheque.

Punto de acopio de la asociación © M.-H. Dabat, CIRAD

Punto de acopio de la asociación © M.-H. Dabat, CIRAD

En términos prácticos, ¿qué le ha traído la papaya?

Y.I.S.M.: A decir verdad, al principio había varios productores que no querían unirse a nosotras. No creían que pudiera ser rentable. La asociación comenzó con varias mujeres y solo tres o cuatro hombres.

Elegimos apostar por la papaya para reconstruir la confianza perdida. Nos volvió a unir y nos reconcilió, porque desconfiábamos mucho unos de otros. Durante la guerra, la gente se escondía y veía a los demás como enemigos. Hubo tantas víctimas de la guerra, muchas veces por traiciones. La pérdida de la confianza fue casi peor que la pérdida de vidas.

La papaya se ha convertido en un símbolo de paz, amor y reconciliación. A través de los proyectos y talleres que estamos desarrollando, nos está ayudando a forjar nuevos vínculos sociales. Pero también es una fruta con un gran futuro económico. Ningún producto agrícola nos había dado tanto dinero, ni la yuca, el ñame, el maíz ni los productos tradicionales. Sin embargo, también cultivamos ajonjolí y elaboramos pasta de ajonjolí, que fue nuestra principal fuente de ingresos durante la pandemia del Covid-19.

Hay que tener un cuidado especial al cultivar papaya. Estamos en una zona muy particular, donde durante el día hace mucho calor, con temperaturas de más de 40°C, y las mañanas son muy frías, lo que le da a la fruta su color y sabor característicos. La papaya se cosecha después de ocho meses, y cada hectárea produce una tonelada de fruta por semana.

No es fácil comercializar la papaya dado el estado de nuestras vías. Esto es una gran preocupación, y tenemos que transportar nuestra cosecha a través del departamento de Sucre. Sin embargo, vale la pena, y eso es lo que les enseñamos a nuestros jóvenes.

Pienso en grande y trabajo duro. Nuestro sueño es transformar la asociación en una empresa, mejorar nuestras capacidades de comercialización en lugar de venderlo todo a los intermediarios, y quién sabe, tal vez algún día podamos exportar a Estados Unidos, donde se consume mucha papaya. Por ahora, Colombia representa apenas una pequeña parte del mercado internacional de la papaya, muy por detrás de Costa Rica, Brasil, Perú y México, pero todo es posible. Sin embargo, antes de pensar en exportar, necesitamos mejorar nuestros sistemas de riego.

Papayas cultivadas por ASOAGROPAT © M.-H. Dabat, CIRAD

Papayas cultivadas por ASOAGROPAT © M.-H. Dabat, CIRAD

¿Qué cambios ha visto en su territorio de los Montes de María desde el inicio de la aventura de la papaya?

Y.I.S.M.: Cuando la gente regresó tras el conflicto, el territorio había quedado casi abandonado. Ni siquiera sabíamos si pertenecíamos al departamento de Bolívar o al de Sucre; tan poco pensaban en nosotros las autoridades públicas. Sentíamos que éramos una especie de trofeo que algún político exhibía y que reaparecía cada cuatro años, pero fuera de las campañas electorales, nadie pensaba en nosotros.

Tocamos varias puertas, y un día alguien nos envió a un agrónomo y a una trabajadora social. Nos sugirieron cultivar naranjas o papaya. Como nuestra región es bastante árida, pensamos que la papaya sería mejor. Sabíamos que el principal problema allí era el acceso al agua, y que las empresas tabacaleras habían perforado pozos, pero para su propio uso. La falta de agua sigue siendo un gran problema para nosotros: llueve mucho durante los tres meses de invierno, pero el resto del año es seco.

Hoy en día, seguimos conociéndonos y reconstruyendo el tejido social. Estamos tratando de retener a nuestros jóvenes, que también se fueron y se resisten a volver. El relevo generacional está resultando difícil. Estamos buscando aliados que puedan ayudarnos. En cuanto al agua, necesitamos recuperar nuestras aguas subterráneas. El cambio climático es un verdadero desafío para el cultivo de la papaya, porque necesita agua. La Agencia de Desarrollo Rural (ADR) nos ha ayudado a desarrollar un sistema de riego.

La papaya ha sido una bendición para la comunidad. Nos ha dado una identidad que no teníamos. Esto ha sido una gran experiencia; es como una vitrina para expresarnos, demostrar lo que somos capaces de hacer y dar a conocer nuestro trabajo. Ahora estamos bien organizadas, somos ante todo una organización de mujeres, y siempre buscamos reconstruir nuestro tejido social, reconstruir nuestro territorio y reconstruirnos a nosotras mismas. Ese es nuestro sueño.

Innovadores y líderes de la iniciativa SASi junto a Yoleida © ICRA

Innovadores y líderes de la iniciativa SASi junto a Yoleida © ICRA

Yoleida, agricultora y poeta

Sigue adelante

Hoy me abrazo como un ser que no se rinde. He caminado por senderos difíciles, he enfrentado carencias y dudas, pero también he encontrado en mi corazón la fuerza para seguir.

No estoy aquí por casualidad. Estoy aquí porque me lo he ganado con esfuerzo, con trabajo, con fe. Hoy celebro cada madrugada en el campo, cada gota de sudor, cada idea que no dejé morir y cada sueño que me mantuvo de pie.

Mi producto es más que un negocio: es mi historia, mi tierra, mis raíces y mi esperanza de futuro. Quien lo reciba no solo llevará algo hecho con mis manos, sino también con mi alma y con el amor por lo que soy.

Mañana, en la feria, me mostraré con orgullo. Hablaré con alegría, miraré a los ojos con confianza, y cada palabra será la semilla de una relación que crece. Porque no vendo solo lo que hago: comparto lo que soy, y eso es valioso.

Hoy me prometo no olvidar nunca que mi voz merece ser escuchada, que mis manos merecen ser reconocidas, y que mis sueños merecen hacerse realidad.

Soy parte de una familia que cree, que sueña, que transforma. No camino sola: camino con otros valientes como yo.

Desde este estante, grito dentro de mí: ¡Estoy lista para brillar, para servir y para dejar huella!

Y cuando mañana mis clientes me vean, sentirán que frente a ellos no solo hay una vendedora, emprendedora llena de orgullo, un corazón que inspira, y un ser humano que nació para soñar y cumplir cosas grandes.

Yoleida